Santa Semana. Viaje por Inglaterra y Escocia.

VIAJE A MARRUECOS

 

Un Viaje con los Pepes[1]. Anecdotario.

Roberto Ortiz de Landazuri

 

Ya representas al profesorado. Con esas palabras, en un tono cariñoso y cercano, me recibió el catedrático de la unidad José González Gallegos, a mi llegada a Londres. Lejos de ser un mensaje exultante de felicitación, Pepe me recordaba una vez más la responsabilidad del profesorado dentro y fuera de las aulas. Horas antes, acababa de protagonizar la primera anécdota del viaje, más propia de un alumno que de un profesor, perdiendo el primer vuelo Madrid-Londres de los malditos horarios low cost. ¿La causa? Una torpemente prolongada y, a estas alturas, olvidada noche de la siempre concurrida e infinita movida madrileña.

En ese limbo, entre el maestro y el alumno, como profesor pasante[2], empezaba entusiasmado un nuevo viaje académico. La aventura requirió 11 días para llegar de Londres a Edimburgo, y uno más para regresar a la capital inglesa, después de recorrer más de 2.200 km a través de autopistas, autovías y carreteras de todo el Reino Unido. De la mano de los Smithson[3], de Mackintosh y de Stirling, visitamos las obras más emblemáticas de estos cuatro grandes genios de la arquitectura Inglesa y Escocesa.

En orden cronológico, los primeros edificios que conocimos fueron los de Alison y Peter Smithson. Su obra, salvo tal vez, por el pabellón en Upper Lawn, nos resultó extraña, enigmática, a veces incluso caótica; y sin embargo, tan repleta de ideas que convirtió cada una de las visitas en una lección magistral de buena praxis arquitectónica. Entre otros proyectos, visitamos la universidad de Bath donde tuvimos la suerte de ser recibidos por el entusiasta profesor Martin Gledhill. Con un público exigente[4] y con cierto cansancio acumulado de días anteriores, nos ofreció una, digamos “conferencia” estupenda. Transmitió a todos los presentes su pasión por los Smithson y nos confesó las tres preguntas claves que la pareja de arquitectos se hacía a la hora de proyectar un edificio: “¿Hasta dónde llega para comunicar un sueño?”  “¿Cómo funciona a diario?” y “¿se puede vestir?” Es decir, ¿admite cambios temporales? El show, el happening o lo que fuese, nos gustó tanto, que un alumno en un ataque apasionado, exclamó el famoso grito “Oh Capitán, mi Capitán!”[5] a modo de despedida en alusión al Club de los Poetas Muertos.

En paralelo, y sin dejar de lado a los Smithson, recorrimos las primeras obras de un, por aquel entonces, jovencísimo James Stirling: la “trilogía de edificios rojos”. En Oxford, casi simultáneamente, llegamos a visitar el Queen’s College (1966-1971) de Stirling y el St Hilda’s College (1967-70) de Alison y Peter. Al finalizar las visitas de estos tres arquitectos, no nos cabía ninguna duda: cualquier estudiante desmotivado hubiese cambiado de actitud viviendo en cualquiera de estas dos residencias, estudiando en la Biblioteca de la Facultad de Historia de la Universidad de Cambridge (1964-1967) y atendiendo a clases en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Leicester (1959-1963).

Con Stirling en la cabeza, llegamos a Escocia donde antes de visitar los edificios del arquitecto escocés Charles Rennie Mackintosh nos acercamos al parlamento de Enric Miralles en Edimburgo. La compartida visión artística por la profesión eran similitudes palpables entre ambos maestros y, sin embargo, mientras que el primero despertó la admiración del grupo, el segundo fue ampliamente cuestionado. Quizás no era el momento más apropiado para visitar un edificio de Miralles: en plena crisis financiera la excesiva opulencia del parlamento encontró grandes detractores y pocos defensores en un acalorado debate. Sobre lo dicho esa mañana de la obra de Enric, simplemente reproduciré las palabras de su gran amigo Oscar Tusquets:

“lo que me parecía más extraordinario de la manera de hacer de Enric era que podía ser extravagante, excesiva, incomprensible, inapropiada, despilfarradora, incluso equivocada, pero era siempre profundamente bella”[6]

Por su parte, Mackintosh, nos deslumbró con la Escuela de Arte de Glasgow: un edificio que niega ajustarse a las categorías simplistas impuestas por los historiadores; siendo a la vez moderno y tradicional. A través de las apasionadas y entusiastas visitas guiadas que organizan y ofrecen sus estudiantes pudimos conocer las entrañas del edificio. Situado sobre una fuerte pendiente, el edificio se alza imponente con una volumetría masiva y austera, de masas ortogonales levemente suavizadas con curvas, expresando la severidad de la tradición arquitectónica escocesa combinada con la ligereza de la modernidad europea.En su interior, cada rincón es un alarde de creatividad, racionalidad y rigor. Sin pretensión o espectáculo, el edificio de Mackintosh responde a su quehacer diario conmoviendo a todos los que entran allí.

La visita a la Escuela de Arte, nos reveló lo injusta que es la fotografía en arquitectura. Se puede y se debe estudiar los edificios a través de los escritos, las planimetrías y las imágenes, pero solo la experiencia directa de deambular, acceder, pasear, utilizar y mirar, nos permiten comprender la arquitectura en toda su extensión y riqueza. Ya en mi primer viaje iniciático a la India con los Pepes extraje esa opinión. Desde entonces he vuelto a hacer muchos viajes académicos con ellos, algunos locos como los organizados a Brasil y a Japón, otros ya inmersos en la docencia al paraíso del barro en Marruecos; este último, a las siempre sorprendentes Inglaterra y Escocia. En todos siempre me ronda la misma pregunta a la vuelta: ¿Dónde será el próximo?

 

[1] Los Pepes es el nombre con el que son conocidos María José Aranguren y José González Gallegos.

[2] Profesor Pasante: nueva (y controvertida) terminología para designar los mentores, becarios o ayudantes realizando el doctorado de la escuela de Madrid.

[3] De la mano de los Smithson, Título del viaje académico 2013-2014 organizado por las Unidades de José González Gallegos y María José Aranguren de la ETSAM.

[4] Al viaje nos acompañaban David Casino y Marta Pérez, dos doctorando que actualmente están realizando una tesis sobre los Smithson.

[5] ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! es un poema de Walt Whitman escrito en homenaje a Abraham Lincoln presidente de EE.UU., después de su asesinato en 1865. En la película, “El Club de los poetas muertos”, el profesor de literatura se ofrece a los alumnos con confianza, invitándoles a llamarle “Oh capitán, mi capitán”, aludiendo al poema.

[6] Oscar Tusquets Blanca, Amables Personajes, p. 90,Quaderns Crema: Barcelona, 2014.

 



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